jueves, 7 de octubre de 2010

Camino de Santiago (III)

Día 4 Villafranca del Bierzo - Sarria
Sin duda la etapa más dura, todo subida hasta O Cebreiro sin dar un respiro, así que un ratito a pie y otro en bicicleta. Como punto reseñable, fue el primer día que logré evacuar :P Cuando crees que ya todo va a ser bajada, uno se entera de que todavía quedan dos subidas: el alto de San Roque y el puerto del Poio, dos rompepiernas de los mejores.

-Una vez coronado O Cebreiro (Lugo)-

El final de esta etapa fue Sarria, y se nota mucho que es un punto clave del camino de Santiago porque hay mucha gente fresca, muchos albergues y restaurantes que no se esfuerzan tanto en el buen trato al peregrino.

-Caminos por el monte (Lugo)-

Día 5 Sarria - Melide
Previsión de lluvia que se materializó al llegar a Portomarín (un pueblo que tuvo que ser trasladado al quedar inundado por el embalse). Una lluvia muy recia, como pocas veces he visto en toda mi vida. La frase que mejor lo describe es: "CALADO HASTA EL TUÉTANO". Cuando escampó pude comprobar que la etapa es preciosa, pasando por túneles de árboles, subidas impresionantes y bajadas vertiginosas acompañadas de piedras situadas estratégicamente, puentes sobre ríos e impedimentos varios.

-Caminos del "camino" (A Coruña)-

Por el camino se ven más cruces donde la gente deja piedras, ropa e incluso zapatos, y a la pregunta de mi compañero "¿tienes algo para dejar?" la respuesta fue: "Sí, la hiel como me descuide".
Al llegar a Melide nos tomamos una riquísima cena que constaba de pulpo, bacalao y carne o caldeiro, todo ello regado con vino de la tierra.

Día 6 Melide - Santiago de Compostela
Tengo que avisar, antes de nada, de que cenar pulpo es indigesto, y por nada del mundo tomarlo sólo con agua. El albergue estuvo fenomenal, al haber poca gente se pudo dormir mejor, aunque también sonaron trompetas. El sinfín de toboganes de esta etapa, hizo que fuese de las más bonitas (si no la que más) de todo el camino. Lo peor, el desfile de gente caminando que no daba oportunidad a poder descuidarse. Fue una etapa donde la bicicleta se resintió, ya que gracias a la velocidad imprudente de las bajadas junto a las continuas piedras que saltaba hicieron que el transportín cediera en uno de sus anclajes. Gracias a que llevaba mochila y no alforjas, pude echármela a la espalda y continuar el viaje.

-Catedral vista desde la Plaza del Obradoiro (Santiago de Compostela)-

Entrando en Santiago de Compostela tras haber pasado el Monte do Gozo, el camino acabó para todos nosotros. Con las ganas de haber continuado hasta Finisterre y la pena de despedir a mis compañeros y amigos de viaje, el resto de vacaciones quedaban para eso, para disfrutar y descansar.

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