Vivito -pero sin colear- después de las vacaciones, toca volver a la cruda realidad donde cada uno de nosotros somos un engranaje más soportando la cada vez mayor tensión cortante de la crisis.
Ahora queda atrás el recuerdo de unas buenas vacaciones, o al menos diferentes, y como no es plan de colgar las casi 1500 fotos (sí... muchas... pero más vale que sobre que no que falte, que luego vienen los llantos), sólo me queda contaros un poquitín de cada sitio, sin enrollarme demasiado.
Lo primero son las impresiones. Dicen que Andalucía está seca, y que pasando Despeñaperros entras en África del Norte, pero yo no he visto más que olivos y zonas bastante fértiles, llenas de agua, también es porque parte del viaje fue por la cuenca del Guadalquivir, además que en las ciudades hay montones de parques y árboles (sobre todo naranjos).
Otra impresión, para mí muy cautivadora, es el acento: desde el dulce y melodioso del cordobés hasta el sonoro e incomprensible del gaditano pasando por el saleroso del sevillano o el donairoso del granadino. No hay que descalificar a ninguno, porque todos ellos tienen su
quid, y todos ellos valen un mundo.
También las ciudades son muy dispares. En el norte suelen ser bastante "modernas", y con eso me refiero a edificios con una arquitectura moderna por lo general, sin embargo allí se entremezclan lo moderno con lo más antiguo, que es el caso de Córdoba y Granada, con la judería y el albaycín respectivamente, y sus casas todas encaladas que dan más luz a las calles, incluso señoras mojando las minúsculas calles por las que se acceden a sus casas, tal cual siguen haciendo en mi pueblo. Si hablamos de Sevilla, es una urbe a otro nivel; se acerca más a Madrid donde goza la inmensidad del asfalto y las obras por doquier, como mandan los cánones de capitalidad.
Si tuviese que destacar únicamente dos cosas de cada ciudad que pisé, diría algo como: "Córdoba: mujeres y palomas funcionarias, Sevilla: antigua gloria y perfume equino, Conil: playas que gustan y agua templada y Granada: ¿dónde coño están los bares de tapas no-guiris y la lujuria exacerbada?".
Como digo, todo tiene su lado bueno y su lado malo. En general me llevé una impresión muy positiva del conjunto de zonas que vi, tanto de las ciudades como de los paisajes. Quizás resulte que la primera impresión sea errónea.
Para mí
Córdoba fue la que me ganó el corazón, quizás porque fue la primera, y como se suele decir "no hay ninguno como el primer amor". Para mí la ciudad perfecta para vivir, por su gente, por las chicas del McDonals (esto trae cola...), por su acento, por la cantidad de chicas herederas de Venus y Afrodita, vamos que sólo me falta saber que también son sobrinas de Atenea para poner el colofón (para los lentos, lo primero iba por la belleza y lo segundo por la sabiduría). Ahora, ¿nadie se ha dado cuenta que tienen la mezquita muy abuhardillada? Por favor... hay que cuidar mejor esa piedra, jeje. Por cierto, hay que empezar a jubilar a las ciento de palomas funcionarias puestas por el ayuntamiento... a poco más se comen a una niña mientras el padre, sonriendo, presenciaba la fatídica escena.
De
Sevilla llevaba una imagen creada a través de vivencias de hace 40 años, y al llegar fue más bien una decepción, y me explico. La ciudad está muy bien, el centro está muy cuidado, limpio (y si no se encargan las palomas de remover la mierda de caballo... que en realidad no sé qué pretenden encontrar) y luminoso, pero el resto de ciudad está manufacturada, como las grandes urbes, y aunque parece un mito, me imaginaba gente más afable, quitando las decenas de gitanas ofreciéndote romero. Es que si pasas una docena de veces por delante de la misma, te lo ofrece una y otra vez hasta que piensas: "joder... ¿cuándo olvidaron lo de:
me he quedado con tu cara, payo de mierda?". Lo que más me fastidió es que no me pude hacer una foto en mi Palencia querida en la Plaza España -¡cagontó!-, así que me conformé con hacérmela con Burgos, a mi entender tierra hermana.
De
Conil casi ni hablo. Si queréis grandes playas sin aglomeraciones, arena y agua limpia comparado con "otras de las nombradas", y temperatura del agua entre la piscina de pis del mediterráneo y mi querido congelador cantábrico, no lo dudes, esta es tu playa. Personalmente, prefiero el cantábrico, porque necesito ese agua tan helada que hace desaparecer los genitales masculinos al tiempo que los senos femeninos parecen señalarte... ¡eso mola! xDD
Por fin
Granada, objetivo sexual de muchos estudiantes, porque fuera de ese ambiente es como otra cualquiera, diría incluso que Madrid es más paraíso sexual para todas las edades. Es muy parecida a Córdoba, en tamaño y en que tiene zonas "vírgenes" con casas de antaño maricastaño, además de una joya como es la Alhambra, con unos guardas de seguridad que disfrutan de su trabajo y que incluso diría que si les obligasen a vertir de musulmanes, con su turbante y su vestidito blancos, lo harían encantados y orgullosísimos de ello (qué portentos). También hay que decir que, por cientos de razones, está un poco estropeada, pero ello no quita para gozar de la riqueza musulmana. Cómo será, que al final del viaje me planteé si no había nacido en una época equivocada... ¿para qué ser pionero de las tecnologías en esta época de superpoblación atravesando una crisis cuando tenías asegurado un harén con 73 vírgenes en aquella época viviendo en absoluto lujo y batallando por tu propia tierra? Cómo ha cambiado la historia... que por cierto, hablando de historia: TODOS LOS MONUMENTOS TIENEN EL ESCUDO DE CASTILLA Y LEÓN. Anda que no, que no metieron allí dinero los Fernandos y las Isabeles de turno, todos católicos, vamos, que montaron unas chozas supermolonas. Aquí sí que pega más lo de "¡cómo ha cambiado la historia!".
La ruta, 1500km en ocho días y medio en un Focus
S de la rehostia (hay que homenajear al piloto y vehículo que tuvieron más huevos que el caballo de Espartero), altamente recomendada, fue más o menos la siguiente:
Ver mapa más grande