sábado, 25 de abril de 2009

Semana Santa 09 (V)

Días 4, 5, 6 y 7

Toca descansar, ¿no? Porque hasta el momento ya llevaba 1000km a las espaldas y una vida poco saludable.
La verdad que hasta la fecha siempre he vivido la semana santa de forma bastante ferviente, con las distintas celebraciones en mi pueblo natal, en la capital de mi provincia o en la ciudad que me acogió. Esta vez no fue así y ya siento habérmela perdido (a cachitos).
Estos días fueron de retiro espiritual y descanso físico en el pueblo, bueno, o eso es lo que creía. Retiro espiritual por supuesto y os lo explico, que me he puesto a recordar (necesito un poco de ayuda por vuestra parte, imaginad la posible situación): "Lo primero que hago nada más llegar, siempre, es pararme a escuchar. Suelo llegar por la noche, aparco el coche, salgo al corral de mi casa, echo un pis (a la intemperie, como siempre se ha hecho), cierro los ojos al tiempo que levanto mi cabeza mirando hacia el cielo y me concentro en el ruido de mi alrededor. Un momento, algo extraño sucede... no hay ruidos, sólo el viento chillando al pasar por entre medias de las antenas o algún canalón, alguna que otra gallina intentando dormirse, grillos, animales pequeños tal que ratones correteando, los gatos moviendo tejas por los tejados y si hay hambre puede que algún búho o lechuza. Si hay suerte, abro los ojos y descubro un espectacular cielo totalmente virgen, como hace cientos de millones de años que existe, con esa luna que me quiere comer y necesita que la niña de mis ojos (me refiero a la pupila) la recree en su oscuridad mientras está empapada en lágrimas contenidas, con todas esas estrellas salpicando de color un cielo negro como el tizón. Todo ello con la piel encogida y el vello erizado porque la dulce, fría y pura brisa castellana navega desde mis labios hasta mis ojos provocando una sensación casi pecaminosa. Todo esto desde fuera y sin haber entrado aún en el hogar, donde se puede ver a lo lejos la luz de las distintas estancias que iluminan el patio, y a medida que me acerco se puede ver a mi madre removiendo las sopas hervidas desde la ventana de la cocina que da al patio, a mi padre corriendo desde la cocina al salón con la fuente de ensalada de la mano y a mi hermano tirado en el sofá. Se respira tranquilidad, ausencia de preocupaciones y sobre todo... se respira amor de familia. Al entrar por la puerta de la cuadra para acceder a la vivienda principal se empiezan a distinguir los olores de una comida fetén: las sopas hervidas que tanto me gustan, la tortilla de patata que siempre me regala tan buen placer gastronómico, el vino de la casa, una ensalada aderezada con todo de la huerta cultivado con el tiempo y el sudor de mi progenitor y ese pan que no tiene precio. Luego dos besos a cada uno después de ver que sus ojos están desorbitados y emana una sonrisa sincera por verme aparecer. Un sitio mágico donde jamás podrás decir me marcho para no volver"
Vaya, después de esta descripción me he puesto melancólico... Por supuesto no es ninguna invención, ni está sacado de una película ni es una fantasía. Seguro que muchos de vosotros os habréis sentido identificados variando muchos factores, y al fin y al cabo es bueno, porque indica que hay gente que os quiere y que por supuesto vosotros no sois más que lo que quisieron vuestros padres: hijos en su más amplio concepto.
Estos días fueron, como digo, de relax mental para olvidar los malos ratos vividos. Es fascinante el grado de purificación que llegan a tener los sitios más recónditos. Ahora se me antojaba volver a vivir como lo hice mis primeros 18 años, disfrutando del campo, ayudando a mis padres, doblando los riñones hasta oírlos crujir, riéndome de la cosa más simple tonta y predecible, doliéndome el corazón y sobre todo integrándome en una "sociedad vulgar" que se resiste a perder sus orígenes, bienes y disfrute.
Básicamente, excepto el lunes por la mañana y el jueves a la misa de seis, estuve echando una mano a regar, último año que se hace como los anteriores 50 ya que dejarán de usarse las regaderas, esas autopistas de agua que cuadriculan toda la vega y que han permitido un desarrollo sostenido. Ahora será todo subterráneo, como el metro de Madrid, ¡manda huevos! (F. Trillo). Os dejo unas fotos del paisaje en una tarde de comienzos de abril (pinchar y agrandar):


También me tocó arreglar algunos papeles ya que sigo siendo melgarense (con certificado de empadronamiento y todo), cambiar el aceite al coche (una pasta oiga) e ir a la inauguración de la Villa Romana de la Olmeda (aquí»). Esta vez no pude visitar a mis amigos pucelanos, pero otra vez será... ya me gustaría tenerlos más a mano.

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